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Entrevista: Martín Kremenchuzky: “soy el único ciego e hipoacúsico que completó un Ironman”

10/09/2019 – Clarín.com

El atleta de 45 años sueña con conquistar los cinco continentes de una de las disciplinas más exigentes del planeta.

foto clarin

 

Martín Kremenchuzky es un ejemplo de superación. Pese a quedar ciego y sordo, siguió adelante y se convirtió en un Ironman.

 ¿Cual es la fuerza que te mueve? Todos necesitan fuerza para superar desafíos, fuerza para perseguir los objetivos. Desafiar los imposibles requiere fuerza, enfrentar los miedos también. Hay historias de personas que inspiran a seguir siempre buscando esa fuerza interior que permite llegar más lejos. La historia de Martín es un ejemplo de esto.

Martín Kremenchuzky es uno de esos atletas que inspiran, que dan ganas de superarse y que nos invoca una fuerza interior que grita nunca bajar los brazos. Él nada 3.800 metros en aguas abiertas, se sube a la bicicleta y pedalea 180 kilómetros y corre otros 42. Todo en forma consecutiva. Todo sin ver y sin usar audífonos mientras nada.

video ford placa

A los 35, y producto de las consecuencias del síndrome de Usher que padece, se quedó totalmente ciego, acompañado de un caso fuerte de hipoacusia. Hoy, apoyado en quienes lo quieren y en una relación fuera de serie con su hijo, sueña en grande y le apunta al gran objetivo: conquistar los cinco continentes en la disciplina Ironman.

El camino está trazado. Para cuando salga esta nota es posible que Martín ya haya alcanzado su competencia número 300. A fuerza de voluntad, perseverancia y una fe inoxidable, transforma sus hazañas en lecciones de vida que comparte en sus conferencias.

Para él demostrarse que podía completar una carrera de la exigencia que conlleva Ironman fue su forma de echarle el retruco a la vida. “Ese día sentí que se me infló el pecho y desde entonces no se me desinfló más”, asegura.

– ¿Cómo te cambió la vida a los 35?

– Tengo una enfermedad genética denominada síndrome de Usher, motivo por el cual uso audífonos desde que tengo cinco años. Era disminuido visual de chico, no tenía visión lateral ni nocturna y fui perdiendo cada vez más la visión hasta que a los 35 quedé completamente ciego.

– Algo doblemente complicado si pensamos en que te dedicas al desarrollo de software…

– Sí, soy ingeniero en sistemas y antes era programador, aparte de especializarme en todo lo que es normas y procedimientos. Cuando ya no podía ver no pude programar más. Se me complicó y mucho. La verdad que fue un momento de muchísima angustia. Me tuve que reinventar. Hoy en día puedo seguir trabajando de lo mío pero más en la parte funcional.

– ¿Qué esfuerzos implicó para vos reinventarte?

– Fueron momentos muy difíciles, demasiado. Primero me costó asumir la discapacidad. Sentía que no había nada que pudiera hacer, sin ver, sin escuchar. Trataba de imaginarme mi vida y sentía que no había ninguna forma de ser feliz. Los días eran interminables para mí. No tenía temas de conversación porque no hacía nada pero tampoco iba a hacer nada el día siguiente.

– ¿Cuándo y cómo fue que hiciste el click para terminar siendo esta versión de Martín que inspira a tantos?

– El click para mí fue mi hijo. Su nacimiento coincide con mi pérdida total de visión. Sentía que él me podía llegar a ver como un “pobrecito” y eso no me lo podía permitir. Fue por él que decidí que tenía que salir adelante. Así comenzó todo. Lo que más me importaba era qué iba a hacer con mi vida después del trabajo. Empecé a hacer un montón de cosas. En aquella época tenía la autoestima tan baja que hacía cualquier actividad para, al menos, tener un tema de conversación. Entre tantas cosas que empecé hacer, estuvo el deporte. Ahí encontré la mejor terapia para salir adelante.

– ¿Cómo apareció la idea de transformarte en un triatleta, de ser un Ironman?

– Fue un proceso largo. Primero probé con varios deportes como remar, jabalina y correr, entre otros. Me transformé en maratonista para luego disputar carreras de montaña. Cada vez quería ir por algo más hasta que empecé con el triatlón. No fue fácil. Al principio no me aceptaban en algunas piletas porque tenían miedo de que me golpeara. Era mucha responsabilidad para ellos. Una vez que encontré el lugar, tuve que aprender a nadar, a andar en tándem y así llegué a la primera competencia de distancia short. Me fui poniendo más exigente y fui por un Olímpico, luego un medio Ironman y así hasta que en mayo de 2015, en Brasil, hice mi primer Ironman.

– ¿En cuántas competencias participaste hasta hoy y qué objetivos tenés pendientes?

– Entre las diferentes competencias tengo 299 participaciones. Mi objetivo es disfrutar de lo que hago, pero yendo a lo concreto quiero conquistar como Ironman los cinco continentes. Ya hice un Ironman en América, otro en África, otro en Oceanía y el próximo 6 de octubre estaré haciendo uno en Europa. Y, si Dios quiere, el año próximo, en Asia, me estaría convirtiendo en el primer Ironman con discapacidad en conquistar los cinco continentes. En Argentina soy el único ciego que hace Ironman. Hoy, a nivel mundial soy el único hipoacúsico-ciego que completó Ironman.

Martín Kremenchuzky ya compitió en América, África y Oceanía, ahora será el turno de debutar en Europa, y sueña con hacerlo en Asia.

Martín Kremenchuzky ya compitió en América, África y Oceanía, ahora será el turno de debutar en Europa, y sueña con hacerlo en Asia.

– ¿A qué apelás internamente para terminar esas carreras que se te ponen cuesta arriba?

– En el primer Ironman que hice sabía que había mucha gente que estaba pendiente de mi competencia: la familia, los amigos, los que me ayudaron a salir adelante. No podía fallar. Estaba muy fuerte mentalmente.

– ¿Te acordás de la sensación que tuviste al cruzar la meta de ese primer Ironman?

– Sí, fue increíble. Cuando faltaba un kilómetro estaba esperando ese ansiado aviso de mi guía: “Martín, falta un kilómetro”. Esa paz interior, ese orgullo, esa satisfacción, pensar en todos los míos. Aparte sabía que era algo muy especial. Ese día sentí que se me infló el pechito y desde entonces no se me desinfló más.

– En algún momento tuviste miedo de que tu hijo sintiera lástima por vos, ¿qué sentís que piensa hoy?

– Él jamás me vio como un “pobrecito”. Era más mi cabeza que lo que él pensaba. Él me conoció ciego. Para él siempre fui así. No era un tema tabú la ceguera en casa. Nos divertíamos. Él se aprovechaba y me cambiaba las cosas de lugar (se ríe). Nos divertíamos mucho. A diferencia de lo que yo pensaba, sé que él está muy orgulloso de mí. Es más, cuando están sus amigos me quiere mostrar siempre: “Acá está mi papá”. Somos muy cómplices. Una de las cosas de las que más orgulloso estoy en la vida es de la relación que tengo con él.

El gran apoyo de Martín Kremenchuzky es su hijo, con el cual tiene una relación especial, que lo hace dejarlo todo día a día.

El gran apoyo de Martín Kremenchuzky es su hijo, con el cual tiene una relación especial, que lo hace dejarlo todo día a día.

– Hoy sos conferencista. ¿Qué aprendizajes de tu vida les llevas a quienes van a escuchar tus charlas?

– Hablo de la vida, de cómo alguien pensaba que no había nada que pudiera hacer, que si le preguntaban si era factible hacer el 5% de lo que hizo contestaba: “IMPOSIBLE”. Y sin embargo lo hizo… Está todo en la mente. Con actitud y perseverancia todos podemos lograr más de lo que creemos. Hay que decidirse. Sé que a muchos les cuesta, pero cuando tengo la oportunidad de dar una charla termino convenciendo a la gente de que se puede. Lo peor que podemos hacer es no intentarlo. Quejándonos nos amargamos nosotros y a los que nos quieren. Yo por no pedir ayuda sufrí mucho. Pero cuando pedí ayuda pude lograr mucho más. Es muy importante asumir nuestra condición.

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